El arzobispo de Guadalajara, José Francisco Robles Ortega, criticó con firmeza que el caso de Teuchitlán adquiera un tono político inmediato, lo cual impide que las autoridades aborden de fondo la crisis de inseguridad. A su juicio, en lugar de trabajar por la verdad y la justicia, los gobiernos se enfocan en protegerse y evitar responsabilidades.
«Hay que decirlo así, con toda claridad: estos temas tan graves, tan graves para la sociedad mexicana, es una tristeza que inmediatamente tomen un cariz político. La preocupación de las autoridades se deja ver; no es llegar a fondo y mucho menos resolver definitivamente esta situación, tocando todos los frentes que conlleva la creación de una realidad como esta», afirmó.
Robles Ortega señaló que, ante situaciones que generan un profundo dolor en la sociedad, lo primero que se observa es un intento por defender a quienes pudieran estar implicados, ya sean funcionarios municipales, estatales o federales. Consideró que hay una estrategia para evitar evidenciar cualquier posible responsabilidad de alguna autoridad en hechos violentos.
«El interés, inmediatamente, se deja ver que es político. ¿Y qué quiero decir? Que se busca defender a todos los que pudieran estar implicados: miembros de los gobiernos municipales, estatales y federales. Se trata de defenderlos a ellos, de cubrirlos, de que no haya manera de evidenciar una posible responsabilidad de alguna autoridad en un caso como este. Eso es lo primero», añadió.
El líder religioso expresó su preocupación por lo que llamó “la defensa del poder por el poder”, donde lo importante no es esclarecer los hechos ni atender a las víctimas, sino mantener intacta la imagen del gobierno, sin importar el partido al que pertenezca. Esta postura, dijo, deslegitima los reclamos de justicia y desvía la atención del sufrimiento real de las familias.
Para el arzobispo, quienes resultan más afectados por esta falta de sensibilidad y compromiso son las víctimas y sus familiares. Afirmó que aquellos que han perdido a un ser querido, y que buscan justicia arriesgando incluso su vida, terminan perdiendo la esperanza ante la indiferencia oficial y la falta de respuestas claras.
«A las primeras personas que se les caen las alas para seguir luchando con todo derecho y con todo el dolor, es a quienes han perdido a un ser querido, a quienes están buscando y haciendo el sacrificio, poniendo en riesgo su vida. Se les caen completamente las alas porque, lejos de encontrar un eco adecuado a su sufrimiento y a su dolor, se encuentran con posturas que hay que borrar, que hay que quitar de la conciencia social. Posturas que insinúan que esto no fue tan grave, que las cosas siguen», concluyó.
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