Este domingo Oaxaca escenificará la primera revocación de mandato a un gobernador en México. Pero esto no es un clamor ciudadano para sacar a Salomón Jara, sino una ocurrencia del propio gobierno estatal disfrazada de democracia.
Lo que debería ser un mecanismo de control popular como firmas genuinas, hartazgo espontáneo, se convirtió en una autopromoción orquestada desde Palacio. Organizaciones civiles lo llaman sin rodeos: simulación, maquillaje político, legitimación forzada.
El Ejecutivo impulsa la consulta sobre sí mismo, el IEEPCO la organiza y el morenismo local espera un triunfo cantado. El riesgo es obvio: montaje puro.
Esperen el clásico acarreo masivo de beneficiarios de programas sociales —pensiones, becas, subsidios— transportados a las casillas con la presión implícita de “si no vas, se acaba el apoyo”.
El clientelismo no consulta; compra votos, baja participación real, casillas reducidas en zonas incómodas y propaganda oficial disfrazada confirman lo que huele desde lejos: no buscan medir el sentir popular, sino fabricar un “sí” abrumador que refrende la 4T oaxaqueña.
Oaxaca merece democracia de verdad, no este teatro de cartón. Si las urnas se llenan por camiones y no por convicción, lo que se revocará no es un mandato, sino la credibilidad de todo el ejercicio.
Que sirva de lección: cuando el poder convoca su propia evaluación, la democracia no gana; se burla.
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