Mundial 2026

¿Y después del Mundial? País vulnerable tras blindaje temporal

Cuando se apague el último reflector del Mundial, México se quedará con una pregunta incómoda: ¿la seguridad era para todos… o solo para el espectáculo?

 

Durante meses el Estado ha desplegado miles de elementos, tecnología de punta, inteligencia en tiempo real y unidades de élite, como la Fuerza Especial de Reacción e Intervención (FERI), fuerzas especiales del Ejército y la Marina, así como células del Centro Nacional de Inteligencia, para blindar estadios, aeropuertos y zonas turísticas. 

 

Todo lo anterior como parte del Plan Kukulcán que incluye operativos ante secuestros, terrorismo, sabotajes, ataques con drones, toma de rehenes y protección de delegaciones internacionales. Incluso se han simulado crisis en aeropuertos, hoteles, transporte y espacios públicos con una precisión que muestra la capacidad real del país para enfrentar la violencia. Pero esa misma capacidad contrasta con la vida cotidiana de millones de mexicanos.

 

Porque mientras se entrena para neutralizar amenazas de alto impacto en eventos internacionales, el país arrastra una historia de años marcada por el aumento de delitos como el secuestro. Desde 2011 este delito comenzó a escalar de forma significativa, alcanzando picos históricos en 2013 y repuntes como el de 2014, cuando creció más de 50%.

 

A esto se suman datos recientes: según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública del INEGI, en 2024 se estimaron cerca de 94 mil secuestros en hogares mexicanos, con más de 92 mil víctimas y una tasa de 71 víctimas por cada 100 mil habitantes; además, más de la mitad de los casos superaron las 24 horas de duración. Más allá de las cifras, estos datos reflejan que el secuestro sigue siendo un delito constante y muchas veces invisible en la vida cotidiana.

 

Aquí es donde aparece la contradicción. México demuestra que sí puede construir entornos seguros, pero lo hace cuando hay turismo, inversión o presión internacional de por medio. Las ciudades se limpian, se vigilan, se ordenan… pero de forma temporal. Como si la seguridad fuera un montaje que se instala y se desmonta, dependiendo de quién está mirando.

 

No se trata de negar la importancia del turismo. Es una de las principales fuentes económicas del país y proteger a quienes nos visitan también es una responsabilidad. El problema es cuando esa protección no se convierte en una garantía permanente para la vida cotidiana de la población. Cuando la calle segura es solo la que lleva al estadio, y no la que recorren las familias.

 

El Mundial dejará estadios llenos, postales para el mundo y probablemente cifras positivas. Pero también dejará expuesta una realidad: México sí sabe cómo hacerlo. La pregunta es por qué no lo hace siempre.

 

Porque al final el verdadero reto no es cuidar un evento… es cuidar un país.

Emiliano Mendoza

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