Después de renunciar de manera ruidosa a la bancada de Morena en el Congreso local, acusando incumplimientos, maltrato de la dirigencia y corrupción interna, el diputado plurinominal Emmanuel Alejandro Puerto Covarrubias anunció su retorno al partido guinda.
Puerto, quien llegó al cargo gracias a la coalición encabezada por Morena, abandonó el grupo parlamentario a finales de octubre de 2024, declarándose “diputado obradorista sin partido” y denunciando simulación, rechazos a proyectos locales y el supuesto secuestro del partido por figuras como el senador Carlos Lomelí.
Ahora, el legislador minimiza aquellas diferencias. En declaraciones recientes, señaló que “lo que se impuso fue una decisión apremiante que todos estamos viendo hoy en día”, superior a las motivaciones que lo llevaron a separarse.
Afirmó que las “decisiones políticas” quedaron atrás y que su prioridad es “brindar soluciones a la gente de Jalisco”. Negó cualquier acuerdo explícito para su regreso.
Este retorno huele fuertemente a pragmatismo electoral de cara a los comicios de 2027. En Morena Jalisco se habla abiertamente de “operación cicatriz”, una estrategia recurrente del partido para cerrar heridas internas, reconciliar disidentes y presentar una fachada de unidad cuando se acercan las candidaturas.
Puerto regresa justo a tiempo para aspirar a una postulación —posiblemente una reelección o candidatura mayor—, después de haber utilizado su salida como plataforma para posicionarse como un “obradorista puro” crítico de los “caciques” locales.
El distanciamiento con Lomelí, antes irreconciliable según sus propias palabras, parece haber sido archivado con sorprendente velocidad.
El movimiento revela la flexibilidad ideológica y disciplinaria de Morena: disidentes que denuncian corrupción y simulación son bienvenidos de vuelta si suman votos y controlan bancada.
Para los observadores, esto confirma que en el partido las rupturas públicas suelen ser temporales y tácticas, más que principios firmes.
Puerto pasó de denunciar el “secuestro” del partido a integrarse nuevamente bajo la misma dirigencia que criticó.
Con ocho diputados, Morena fortalece su presencia en un Congreso fragmentado donde no tiene mayoría, pero gana músculo para negociaciones y visibilidad de cara al próximo proceso electoral.
Queda por ver si los jaliscienses perciben esto como coherencia o como un clásico ejercicio de oportunismo político.
El “hijo pródigo” vuelve al redil, pero las preguntas sobre las verdaderas motivaciones y la consistencia de sus denuncias anteriores quedan flotando en el ambiente.
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