Cada 19 de septiembre, México vuelve a escuchar una alarma que para millones significa prevención, pero también recuerda dos terremotos. En 1985, un sismo de magnitud 8.1 golpeó las costas de Michoacán y causó una de las mayores tragedias recientes del país. Tres décadas después, el 19 de septiembre de 2017, otro terremoto, de magnitud 7.1, sacudió el centro del país y dejó víctimas y daños en varios estados.
Después de 1985, México cambió su forma de enfrentar los desastres. El 6 de mayo de 1986 se creó el Sistema Nacional de Protección Civil para coordinar a autoridades, organizaciones civiles, voluntarios e instituciones en la protección de la población y la prevención. Dos años después surgió el Centro Nacional de Prevención de Desastres, encargado de estudiar y vigilar fenómenos que representan un riesgo.
Con los años, esos cambios llegaron a la vida diaria. Los simulacros comenzaron a realizarse en escuelas, oficinas y espacios públicos; también se crearon brigadas y protocolos de actuación. La población aprendió a identificar rutas de evacuación y zonas de menor riesgo. A esto se sumó el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano, que detecta un movimiento ya iniciado y envía una advertencia antes de que las ondas lleguen con mayor fuerza a algunas poblaciones.
El terremoto de 2017 volvió a poner a prueba estos mecanismos y dejó nuevas lecciones sobre cómo responder a una emergencia. Desde entonces, la preparación también incluye herramientas como el alertamiento masivo por telefonía celular, además de los sistemas de altavoces, radio y televisión. La tecnología no sustituye la preparación: la alerta no predice un terremoto y el tiempo para reaccionar depende de la distancia y las características del movimiento.
Este sábado 19 de septiembre de 2026, México volverá a poner en práctica parte de ese aprendizaje durante el Segundo Simulacro Nacional, programado para las 12:00 horas. El ejercicio contempla cinco hipótesis de sismo para distintas regiones del país y busca que escuelas, centros de trabajo, viviendas y otros espacios revisen sus protocolos de emergencia.
Así, el sonido de una alarma que durante unos minutos será parte de un ejercicio también tendrá otro significado. Recordará que detrás de cada protocolo, brigada, ruta de evacuación y sistema de alerta existen experiencias que obligaron a México a cambiar. El simulacro no puede evitar un terremoto, pero mantiene vigente una lección de 1985 y 2017: ante un desastre, la preparación también puede salvar vidas.
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