
Un espectáculo indigno en el Senado, la agresión de Alejandro Moreno a Gerardo Fernández Noroña tras su actuar arrogante y prepotente como Presidente del Senado exhibe la calidad de representes que tiene México.
Este miércoles en el cierre de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión en el Senado de la República, un espacio que debería ser el epítome del debate civilizado y la deliberación democrática, se vivió un espectáculo bochornoso que pone en entredicho la calidad de nuestra clase política. Los senadores Alejandro “Alito” Moreno, líder del PRI, y Gerardo Fernández Noroña, presidente de la Mesa Directiva y miembro de Morena, protagonizaron un enfrentamiento físico al cierre de la sesión de la Comisión Permanente, un episodio que no solo avergüenza a las instituciones, sino que refleja el deterioro del diálogo político en México.
De acuerdo con múltiples testimonios y videos difundidos por medios el altercado comenzó cuando Moreno, en una actitud claramente provocadora, se acercó a la Mesa Directiva para reclamar a Noroña por no haberle otorgado la palabra durante la sesión.
Mientras se entonaba el Himno Nacional, un momento que debería inspirar respeto y solemnidad, Moreno encaró a Noroña con gritos y gestos intimidatorios, señalándolo con el dedo y exigiendo: “¡Te estoy pidiendo la palabra!”.
Lo que siguió fue una escalada de violencia iniciada, sin lugar a dudas, por el senador priista, quien propinó el primer golpe, empujando a Noroña en un acto que solo puede describirse como propio de un malandrín, indigno de un legislador que representa a millones de mexicanos.
El contexto del enfrentamiento no es menor, pues la sesión estuvo marcada por tensiones políticas, particularmente por las declaraciones de la senadora panista Lilly Téllez, quien ha generado controversia al abogar por una intervención extranjera en México, lo que desató un acalorado debate.
Noroña, en su calidad de presidente, decidió cerrar la sesión tras una votación de la asamblea, una acción que, aunque pudo haber sido interpretada como abrupta por algunos, no justifica de ninguna manera la reacción violenta de Moreno.
En un intento por defender a Téllez, según sus propias palabras, Moreno optó por la confrontación física, una decisión que no solo lo exhibe como un político incapaz de controlar sus impulsos, sino que también pone en riesgo la integridad de las instituciones democráticas.
Moreno no solo empujó a Noroña, sino que continuó agrediéndolo, incluso persiguiéndolo para golpearlo en la espalda, mientras otros legisladores, como el priista Carlos Mancilla, se sumaron al tumulto, atacando incluso a un trabajador del Senado, Emiliano González, quien resultó lesionado.
Este comportamiento no solo es reprobable, sino que debería tener consecuencias legales y políticas. Noroña, por su parte, ha anunciado que presentará denuncias por las agresiones, y Morena ha señalado que buscará el desafuero de Moreno.
Por su parte, «Altiro» en redes sociales y conferencias intentó justificar su agresión acusando a Noroña de “cobarde” y de romper acuerdos parlamentarios, el ambiente político en México está polarizado y que Noroña no es ajeno a controversias por su estilo confrontacional, nada excusa la violencia física como respuesta a un desacuerdo.
Este incidente no es un hecho aislado, sino un reflejo de la crisis de liderazgo y la polarización que atraviesa el Congreso. La incapacidad de los legisladores para resolver sus diferencias mediante el diálogo y el respeto mutuo es un mal augurio para el futuro de nuestra democracia. Es inaceptable que un senador, mucho menos el líder de un partido, recurra a los golpes para imponer su voluntad.
Moreno no solo agredió a Noroña, sino que atentó contra la dignidad del Senado y de todos los mexicanos que esperan de sus representantes un comportamiento a la altura de las circunstancias.
Las autoridades del Senado y los partidos políticos deben actuar con firmeza para sancionar a los responsables y sentar un precedente claro: la violencia no tiene cabida en la política mexicana.
Los ciudadanos merecemos representantes que resuelvan los problemas del país con argumentos, no con puños.
