
Corralito VIP para Andy, Monreal y Adan Augusto, Sheinbaum no quería distracciones como en eventos similares y los mando al corralito VIP, Adán Augusto López Hernández, Ricardo Monreal, Luisa María Alcalde, Manuel Velasco y hasta el propio Andrés López Beltrán fueron posicionados en un área delimitada.
Claudia Sheinbaum demostró que en política la forma es fondo y el acomodo de los invitados evidenció aún más las tensiones en el corazón de Morena, con figuras clave del partido relegados a un segundo plano.
Adán Augusto López Hernández, Ricardo Monreal, Luisa María Alcalde, Manuel Velasco y hasta el propio Andrés López Beltrán fueron posicionados en un área delimitada frente al templete, pero en filas posteriores.
Esta disposición, según las mismas fuentes, respondía a una estrategia para «evitar incidentes o distracciones», recordando episodios previos en mañaneras y actos similares donde invitados se aproximaban al escenario en busca de selfies con la mandataria, generando desorden y memes virales en redes.
En contraste, la «zona diamante» –el sector privilegiado más cercano al templete– quedó reservada para familiares directos de Sheinbaum y un selecto grupo de gobernadores de entidades aliadas, como los de Tamaulipas y Chiapas, quienes disfrutaron de interacciones directas con la presidenta.
El Zócalo abarrotado, con autobuses procedentes de todo el país, evidenciando un acarreo masivo para inflar la asistencia, incluso con denuncias en redes sociales donde a los trabajadores del Gobierno Federal los obliganan a ir y llevar a un invitado.
Desde una perspectiva crítica, este control de asientos no es mero capricho logístico: evidencia una Sheinbaum cada vez más asertiva en la consolidación de su liderazgo, priorizando la imagen de un gobierno austero y enfocado sobre la efusividad de aliados ambiciosos.
La presidenta puede permitirse estas sutilezas, pero ¿a qué costo? Relegar a pesos pesados como López Hernández o Monreal, vistos como posibles contrincantes en 2030, podría exacerbar fracturas internas en Morena, un partido ya marcado por lealtades divididas.
La ausencia de menciones explícitas a estos en el discurso oficial, pese a su presencia física, refuerza la narrativa de un «gobierno del pueblo» que, en la práctica, filtra quiénes están lo suficientemente cerca del poder.
Queda al aire la duda si este «orden» en el Zócalo es el preludio de un mayor control en el Palacio Nacional, o solo un episodio más en la coreografía política mexicana
Lo que es claro es que Morena esta polarizado, donde cada lugar en el Zocalo cuenta como metáfora de influencia, el mensaje es claro: la transformación avanza, pero no todos avanzan al mismo ritmo.
