Carlos Lomeli impulsor de carrera política de Diego «N»
Carlos Lomeli impulsor de carrera política de Diego «N», Si el senador no sabía sus nexos criminales su olfato político es nulo y su red de inteligencia interna un fracaso y si lo sabía pues mucho peor.
Carlos Lomelí Bolaños, senador de Morena y figura influyente en Jalisco, ha sido señalado de manera consistente como el principal impulsor de la carrera política de Diego «N», quien hasta febrero de 2026 fungió como alcalde de Tequila por el mismo partido.
Múltiples fuentes periodísticas y publicaciones en redes confirman que Lomelí promovió y respaldó a Diego «N» como candidato, integrándolo a la estructura de Morena en el estado.
Fotos y eventos públicos muestran su cercanía: encuentros conjuntos, defensas públicas de su gestión, incluso cuando ya se denunciaban irregularidades, y su rol como mentor en la 4T jalisciense.
Diego «N» fue detenido el 5 de febrero en la Operación Enjambre por la Fiscalía General de la República, acusado de delitos graves: delincuencia organizada, secuestro agravado, extorsión y presuntos nexos con el Cártel Jalisco Nueva Generación.
La investigación revela que desde 2021, antes de asumir la alcaldía, lideraba una red criminal que usaba el poder municipal para cobrar «derecho de piso» a empresas tequileras, secuestrar y torturar rivales políticos, incluso precandidatos de Morena en 2021 para forzar renuncias, y operar con financiamiento del CJNG, que supuestamente pagó su campaña de 2024.
Testimonios de víctimas, videos de «narcofiestas» donde gritaba lealtad a «El Mencho» y pruebas de la FGR lo pintan como un criminal que fusionó el gobierno local con el narco, acumulando posibles penas de hasta 90 años o más.
La pregunta clave es si Carlos Lomelí ignoró estos nexos criminales o los vio y se benefició de ellos. La evidencia apunta más a lo segundo, o al menos a una negligencia grave que raya en complicidad política.
Lomelí no era un promotor distante: era el operador territorial que colocó a Diego «N» en Tequila, un municipio simbólico y económicamente valioso por la industria tequilera.
¿Cómo no vio —o prefirió no ver— las denuncias previas, las carpetas de investigación en la Fiscalía de Jalisco al menos cinco contra Rivera que nunca avanzaron las quejas de empresarios extorsionados y el clima de violencia que reinaba?
La defensa pública de Rivera por parte de aliados de Lomelí, incluyendo la dirigente estatal de Morena y diputados, incluso en diciembre de 2025, cuando ya se cerraban empresas por presuntas extorsiones, sugiere que el grupo lo blindaba.
Si Lomelí no sabía, su olfato político es nulo y su red de inteligencia interna un fracaso, lo que lo descalifica para cualquier aspiración mayor y si lo sabía, y todo indica que al menos sospechaba, dada su cercanía y el control que ejercía sobre cuadros en Jalisco, entonces se benefició directamente.
El exalcalde era un peón útil para expandir influencia en la región, capturar votos en zona rural y posiblemente acceder a recursos o favores del poder municipal.
En un contexto donde Morena ha sido criticado por infiltración criminal en sus filas, este caso no es aislado; es un patrón que Lomelí, con su historial polémico, pues ha sido investigado por cohecho, enriquecimiento y presuntos vínculos pasados con grupos delictivos, parece repetir.
La detención de Rivera ha golpeado duro el futuro de Lomelí: pierde control sobre candidaturas, su red se desmorona y hasta dentro de Morena exigen que aclare nexos.
