México pierde un diputado pero gana un habitante de la casa de los famosos
México pierde un diputado pero gana un habitante de la casa de los famosos, el diputado federal plurinominal por Morena, Sergio Mayer, solicitó licencia por tiempo indefinido para participar en reality de televisión.
La decisión del diputado federal por Morena, Sergio Mayer Bretón, de solicitar y obtener una licencia por tiempo indefinido de su cargo en la Cámara de Diputados para participar en la sexta temporada del reality show La Casa de los Famosos representa un nuevo nivel de cinismo y desprecio hacia la representación popular en México.
El pasado 17 de febrero de 2026, en una votación económica del Pleno de San Lázaro, se aprobó esta licencia con efectos inmediatos, permitiendo que Mayer abandonara temporalmente su curul justo en el arranque del reality, donde fue presentado como «habitante sorpresa».
Durante su ausencia, el suplente Luis Morales Flores asumirá el cargo. El periodo legislativo de Mayer concluye el 31 de agosto de 2027, por lo que podría reincorporarse si concluye su participación televisiva la cual puede extenderse hasta cuatro meses si llega a la final, pero el daño a la seriedad del cargo ya está hecho.
Esta movida ocurre en un momento clave para el Congreso, con discusiones y votaciones relevantes en curso incluyendo temas de reforma electoral y otros asuntos de alto impacto nacional.
Priorizar un encierro televisivo lleno de drama prefabricado, estrategias de convivencia y exposición mediática sobre las responsabilidades legislativas es una bofetada directa a los electores que confiaron en Morena y en sus representantes para impulsar cambios estructurales, no para buscar reflectores en formatos de entretenimiento banal.
Mayer, conocido más por su pasado en Garibaldi y espectáculos como Sólo para Mujeres que por una trayectoria legislativa destacada, suma otro capítulo a su historial de escasa productividad: en su periodo ha presentado pocas iniciativas de las cuales ninguna aprobada destacada y acumula ausencias en votaciones clave.
Cambiar la tribuna por una casa de encierro televisivo no es solo una decisión personal; es un síntoma grave de la banalización de la política en el actual gobierno y de cómo algunos legisladores tratan el cargo público como un trampolín para proyectos de fama o ingresos alternos.
México no necesita más «habitantes famosos» en realities; necesita diputados comprometidos con sus funciones, no con ratings. Esta licencia indefinida no solo deja un escaño vacante en la práctica durante meses críticos, sino que refuerza la percepción de que para ciertos políticos de Morena el poder es un medio para fines personales, no un servicio público.
Una vergüenza que, lamentablemente, ya no sorprende.
