El Santo Sepulcro permanecerá cerrado en Semana Santa en Jerusalén
El Santo Sepulcro permanecerá cerrado en Semana Santa en Jerusalén, el conflicto bélico entre Israel e Irán mantiene con las puertas cerradas uno de los sitios más sagrados del cristianismo, donde la tradición sitúa la crucifixión, sepultura y resurrección de Jesús.
La Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, uno de los sitios más sagrados del cristianismo donde la tradición sitúa la crucifixión, sepultura y resurrección de Jesús, permanece cerrada al público desde el 28 de febrero de 2026 por orden de las autoridades israelíes, en el contexto de la escalada bélica entre Israel e Irán.
Este cierre, motivado por razones de seguridad ante ataques con misiles balísticos iraníes que han impactado o caído cerca de la Ciudad Vieja de Jerusalén —incluyendo fragmentos reportados a pocos cientos de metros de la basílica—, se ha prolongado durante semanas. Es una medida sin precedentes en la era moderna por su duración, ya que ni conflictos previos, pandemias o cambios históricos habían generado una clausura tan extendida al acceso general.
La restricción afecta también otros sitios sagrados en la Ciudad Vieja, como el Muro de las Lamentaciones y la Explanada de las Mezquitas para evitar concentraciones masivas en zonas de alto riesgo por alertas aéreas y posibles impactos.
Con la Semana Santa iniciando el 29 de marzo de 2026 y la Pascua aproximándose, el cierre genera profunda preocupación en la comunidad cristiana mundial.
Se espera que las celebraciones litúrgicas en el Santo Sepulcro se limiten a clérigos y religiosos, similar a lo ocurrido durante la pandemia de COVID-19, sin acceso público para peregrinos o fieles.
Esto impide las tradicionales procesiones, como la Vía Dolorosa, y afecta especialmente a miles de visitantes que acuden anualmente.
Autoridades israelíes han defendido la medida como precaución necesaria mientras dure la amenaza de misiles, enfatizando que protege a fieles de todas las religiones.
Líderes cristianos locales, como el vicario patriarcal Rafic Nahra, han descrito el cierre como un «espejo» de la realidad de guerra, con sirenas, refugios y restricciones de movimiento que afectan la vida cotidiana en la región.
