La polémica en torno a la diputada local de Morena en Jalisco, Candelaria Ochoa Ávalos, no cesa y ha escalado en las últimas semanas. La legisladora de la llamada “Cuarta Transformación” fue exhibida tras la difusión de su declaración patrimonial, en la que reporta la posesión de cuatro inmuebles.
Uno de ellos aparece con un valor de adquisición de cero pesos, lo que ha generado fuertes cuestionamientos sobre el origen de su patrimonio.
Según información difundida por el periodista Jorge García Orozco, la diputada inicialmente resistió la publicación de sus datos patrimoniales y, al ser revelados, amenazó con demandarlo por difundir información pública.
En respuesta, el comunicador presentó una denuncia ante la Fiscalía Anticorrupción de Jalisco contra Ochoa por presuntos delitos de enriquecimiento ilícito y peculado.
La controversia se intensificó porque, lejos de ofrecer una explicación detallada y transparente, la diputada minimizó el escándalo afirmando que la gente se “escandaliza por lo que aparece” en su declaración, y advirtió que peor sería “por lo que no aparece”.
La ahora conocida como «Lady Casas» ha intentado justificar uno de los inmuebles como heredado, pero el registro de una propiedad a precio cero sigue sin una aclaración convincente sobre las condiciones reales de adquisición.
Esto contrasta frontalmente con el discurso de austeridad republicana que pregona Morena y la 4T desde 2018, donde se promete combatir privilegios y servir al pueblo con honestidad.
Candelaria Ochoa encarna la hipocresía más descarada de la Cuarta Transformación. Mientras el gobierno federal y sus aliados estatales exigen sacrificios, recortes y “frijoles” a la ciudadanía, sus cuadros acumulan propiedades inexplicables.
Su frasecita sarcástica sobre “lo que no aparece” no es ingenio; es una confesión velada de que hay mucho más que esconder. En lugar de rendir cuentas claras, responde con amenazas judiciales y descalificaciones, típico comportamiento de quien sabe que su riqueza no resiste un escrutinio serio.
Este caso no es aislado: es parte de un patrón recurrente en Morena, donde el discurso moralista choca violentamente con la realidad de sus funcionarios.
La 4T prometió acabar con los privilegios, pero solo los ha redistribuido entre sus leales. Exigir transparencia no es “escandalizarse”; es un derecho básico en una democracia.
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