Opinión

El embudo de la soberanía

El embudo de la soberanía, Cubanos si pero la CIA no, la doble moral de Morena ha quedado expuesta en dos escenarios simultáneos que retratan de cuerpo entero el cinismo de la llamada cuarta transformación.

 

Para el oficialismo, la soberanía nacional es un concepto de geometría variable: se estira o se encoge según la ideología del extranjero en turno. La doble moral de Morena ha quedado expuesta en dos escenarios simultáneos que retratan de cuerpo entero el cinismo de la llamada cuarta transformación.

 

Por un lado, en Chihuahua, el partido guinda ha desatado una cacería política con tintes de linchamiento institucional contra la gobernadora Maru Campos.

 

Tras el accidente en la Sierra Tarahumara que develó la presunta presencia de agentes de la CIA en un operativo antidrogas, el aparato oficialista tardó segundos en activar los tambores de guerra.

 

Desde mítines exigiendo su juicio político hasta peticiones de licencia y acusaciones directas de «traición a la patria», el discurso de la soberanía se utilizó como un mazo para golpear a la oposición, ignorando olímpicamente que la cooperación fronteriza con Washington es una realidad institucional ineludible.

 

Para la narrativa de Morena, cualquier sombra estadounidense en el norte es una afrenta imperdonable a la nación.

 

Sin embargo, el puritanismo soberano se desvanece por completo cuando se viaja al Golfo.

 

En el Congreso de Veracruz, ciudadanos cubanos —invitados por la propia bancada de Morena— se sintieron con el derecho de tomar las galerías del recinto legislativo para reventar una sesión, silenciar a gritos a una diputada mexicana de oposición y ondear banderas extranjeras en tribuna.

 

¿Dónde quedó ahí la indignación por la intromisión extranjera? ¿Dónde estuvo el patriótico reclamo de «no intervención»? En el silencio cómplice del oficialismo, que validó que activistas de otra nación pretendan marcar la pauta del debate público dentro de un poder del Estado mexicano.

 

El mensaje de Morena es tan claro como alarmante: la intervención extranjera solo es delito si viene del norte y colabora contra el narcotráfico; pero si viene del Caribe, con tintes ideológicos afines y para agredir a la disidencia local, entonces se le llama «solidaridad internacional». Vaya manera tan selectiva de defender a la patria.

Sergio Enrique Hernandez Piñon

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