Noroña y su monumento al ego
Noroña y su monumento al ego, un óleo de 40×50 cm realizado por la artista Aurora Argüello Gutiérrez y con un costo al erario de 32 mil pesos.
Fue develado el retrato oficial de Gerardo Fernández Noroña en la galería de presidentes de la Mesa Directiva del Senado, el senador por morena demostró que ocupar la presidencia del Senado no solo es un honor institucional, sino una plataforma perfecta para maximizar beneficios individuales.
En primer lugar, el aspecto financiero fue impecable. Como presidente de la Mesa Directiva Noroña accedió a un salario y prestaciones que, sumados a sus ingresos como senador, consolidaron su estabilidad económica.
No olvidemos la adquisición de una propiedad de alto valor en Tepoztlán (valuada en alrededor de 12 millones de pesos), que generó controversia pero que él defendió como financiada con esfuerzo propio.
Además, el propio retrato oficial —un óleo de 40×50 cm realizado por la artista Aurora Argüello Gutiérrez— costó alrededor de 27-32 mil pesos (pagados con recursos del Senado, según reportes), una inversión modesta comparada con otros, pero que inmortaliza su figura junto a «una bola de malvivientes del PRI y el PAN», como él mismo los describió con su habitual modestia.
El año también brilló en el rubro de los viajes internacionales. Noroña disfrutó de escapadas a Europa, incluyendo un prolongado periodo vacacional en Roma, Italia, donde pasó Navidad y Año Nuevo. Regresó justo a tiempo para la ceremonia de develación, luciendo abrigo y corbata en lugar de su tradicional guayabera.
Viajar por el Viejo Continente mientras se preside la Cámara Alta demuestra que el cargo no solo eleva el estatus, sino que libera tiempo y recursos para el ocio bien merecido.
Pero lo más destacado fue su dominio absoluto de la máxima tribuna del país, Lilly Téllez fue uno de sus blancos recurrentes: en sesiones tensas, como la del asesinato del alcalde de Uruapan, los intercambios incluyeron descalificaciones mutuas que elevaron el nivel del debate a alturas nunca vistas.
Noroña no solo respondió; monopolizó la atención mediática, convirtiendo cada crítica en una oportunidad para reforzar su imagen de luchador incansable contra la «oposición carroñera» y la ultraderecha.
Sin embargo, la imagen que verdaderamente debería colgar en la galería —más que el óleo solemne con puño en alto y mirada al cielo— es la de Noroña solo en la sala de prensa del Senado.
En noviembre de 2025, convocó una conferencia para defender sus dichos contra Grecia Quiroz y se encontró con un salón casi desierto: sillas vacías, silencio absoluto y apenas unos camarógrafos al fondo.
En resumen, 2025 fue un gran año para Noroña. Ganó dinero, viajó por Europa, se convirtió en el protagonista indiscutible de la tribuna y hasta se regaló un retrato oficial. El ego, al menos, quedó inmortalizado en óleo.
