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La sombra de AMLO asfixia a Sheinbaum y dinamita la relación con EE. UU.

La sombra de AMLO asfixia a Sheinbaum y dinamita la relación con EE. UU.
Publicado el 4 de junio de 2026 Publicado por Sergio Enrique Hernandez Piñon

La sombra de AMLO asfixia a Sheinbaum y dinamita la relación con EE. UU. La narrativa oficialista intentará disfrazar la carta «Por el bien de todos, que regrese el otro Trump» como un escudo patriótico. La realidad es mucho más cínica.

Hay silencios que construyen y reapariciones que destruyen. La reciente irrupción en redes sociales del expresidente Andrés Manuel López Obrador, rompiendo su supuesta «jubilación republicana» en Palenque para lanzar una incendiaria epístola contra Donald Trump, no es un acto de heroica defensa de la soberanía.

 

Es, en realidad, el síntoma más alarmante de un mal de origen: el tutelaje asfixiante sobre una presidenta, Claudia Sheinbaum, a la que su propio creador político no asume capaz de sostener las riendas de un país en crisis.

 

La narrativa oficialista intentará disfrazar la carta «Por el bien de todos, que regrese el otro Trump» como un escudo patriótico. La realidad es mucho más cínica.

 

La reaparición de López Obrador se da justo cuando los hilos del control popular comienzan a deshilacharse en las manos de Sheinbaum.

 

El termómetro ciudadano no miente. La falta de un apoyo genuino, orgánico y masivo hacia la mandataria ha quedado expuesta en semanas recientes.

 

Los mítines en Puebla y Zacatecas, otrora bastiones del fervor cuatroteísta, lucieron fríos, distantes, marcados por el acarreo burocrático y una alarmante apatía de la gente que acude más por compromiso que por convicción.

 

La plaza pública ya no ruge para Morena si no es López Obrador quien tiene el micrófono.

Y ante esa debilidad manifiesta de la heredera, el «líder máximo» decidió que era hora de intervenir. Sin embargo, su manual de rescate resultó ser una bomba de tiempo diplomática.

 

Al calificar la política de Trump de «injerencista», acusar a sus asesores de emprender «viles y siniestras aventuras» y meter las manos en el lodazal de las designaciones de terrorismo contra los cárteles mexicanos, López Obrador no está blindando a Sheinbaum; la está despojando de su investidura.

 

¿Con qué autoridad la presidenta de México puede sentarse a negociar bilateralmente en Washington o con enviados de la Casa Blanca, si el expresidente sigue dictando desde el banquillo la línea dura del conflicto?

 

Mientras Sheinbaum intenta tender puentes institucionales para contener las presiones comerciales y migratorias de Estados Unidos en este complejo 2026, el expresidente dinamita los pilares de la relación binacional por puro cálculo político doméstico.

 

Esta intervención es un flaco favor para la presidenta. Si el objetivo era defenderla de las presiones de Washington ante la detención y acusación de funcionarios morenistas vinculados al narcotráfico, el resultado ha sido exhibirla como una figura tutelada que necesita que su antecesor salga al quite cuando las cosas se ponen difíciles.

 

México tiene una presidenta constitucional, pero el poder real sigue operando bajo la lógica del capricho personal. Al dinamitar la estabilidad binacional con Estados Unidos sólo para inyectar oxígeno artificial a un movimiento que pierde calor en las plazas de los estados, López Obrador demuestra que su prioridad nunca fue el éxito del gobierno de Sheinbaum, sino la preservación de su propio ego y legado.

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