Los partidos pequeños y su papel en la política mexicana

Los partidos pequeños y su papel en la política mexicana
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En el camino hacia Palacio Nacional durante las elecciones de 2018, varias agrupaciones políticas se sumaron a Morena, viendo en el movimiento liderado por AMLO una oportunidad para sobrevivir en la escena política. Los partidos PT, PES y el Verde Ecologista de México, considerados partidos oportunistas y sin identidad, formaron la llamada «cuarta transformación» en la historia de México junto a Morena.

Estos «partidos chicos» o «partidos satélites» que más que buscar escaños de primer nivel ni la presidencia, parece que su único objetivo es asegurar la continuidad de sus dirigentes mediante alianzas con los partidos «grandes» mientras que ellos ponen a disposición a sus militantes.

Si bien los partidos satélites no logran por sí solos ganar, el porcentaje de apoyo que representan puede significar para el partido que apoyan el ganar o perder una elección, como fue en el caso del Estado de México en 2017, cuando el PRI y Morena terminaron prácticamente empatados, de no ser por la alianza que en aquel entonces tenía el Verde Ecologista con el PRI y que puso a Alfredo del Mazo como ganador.

Ahora el Partido Verde apostó por Morena y en la coalición con el PT llevaron al triunfo a Delfina Gómez. Pequeños puntos porcentuales que hacen la diferencia entre ganar y perder para unos y que para otros son estrategias que brindan la posibilidad de continuar en la jugada, aunque queden relegados a un papel de “peones” de los partidos principales.

Es por ello que, a pesar de todo, estos partidos políticos continúan vigentes y, gracias a las alianzas, han logrado captar un mayor porcentaje de financiamiento público. Tan solo en el presupuesto del 2023 el PT obtuvo 405 millones para actividades ordinarias, mientras que el PVEM recibió 507 millones de pesos, nada comparado con los 1,800 millones del partido que los dirige.

Sin embargo, dentro de estos partidos aún hay quienes creen o ven la posibilidad de contender con candidaturas separadas, como fue el caso de Coahuila, donde tanto el PT como el PVEM se deslindaron de Armando Guardiana, candidato de Morena y emprendieron una campaña en solitario pese a que los dirigentes intentaron doblegar a sus candidatos a la voluntad de partido mayor, en este caso Morena.

A pesar de la insistencia de los líderes de estos partidos satélites, los candidatos se opusieron, manifestando que Guardiana no representaba los ideales de sus respectivos partidos. Esto refleja uno de los mayores problemas de los militantes de estos partidos «chicos», ya que al generar una alianza por cuestión de estrategia política, empiezan a responder a los intereses del partido mayor y a olvidar sus principios e ideales, lo que termina dividiendo a la militancia entre la solicitud de los líderes nacionales y el candidato a quien apoyan.

Esto resta credibilidad a la posibilidad de que estos partidos puedan contender como la fuerza política principal en la elección de 2024. Aunque actualmente en el proceso interno de la coalición Morena-PT-PVEM existan candidatos de estos dos últimos partidos peleando por ser los elegidos, es poco probable que lo logren y solo representa un gasto millonario que no abona a la sociedad, pues se sabe que será un morenista quien lidere el movimiento.

El papel de los partidos satélites en la política mexicana despierta interrogantes sobre la convicción y coherencia en la búsqueda de la supervivencia política. ¿Están dispuestos a preservar su identidad o se convertirán en «peones» de los partidos más grandes? Y de ser así entonces ¿De qué sirve un partido que, lejos de representar a un grupo específico, sólo funciona como apoyo a un partido de mayor poder?

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