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La vitrina rota de Pablo Lemus

La vitrina rota de Pablo Lemus
Publicado el 27 de mayo de 2026 Publicado por Sergio Enrique Hernandez Piñon

La vitrina rota de Pablo Lemus, se barren las avenidas y se maquillan las zonas turísticas para recibir el Mundial. Sin embargo, detrás del decorado urbano y las luces de la fiesta, la realidad de Jalisco es una vitrina rota.

 

A unos cuantos días de que el balón ruede y Guadalajara se convierta en el epicentro del orgullo futbolístico global, el gobierno de Pablo Lemus se empeña en pulir la fachada.

 

Se barren las avenidas y se maquillan las zonas turísticas para recibir el Mundial. Sin embargo, detrás del decorado urbano y las luces de la fiesta, la realidad de Jalisco es una vitrina rota.

 

El gobernador arrastra tres crisis sistémicas que asfixian a la población y que ninguna campaña de relaciones públicas podrá ocultar ante los ojos del mundo.

 

La primera fractura es la crisis de vivienda. Guadalajara se ha convertido en una ciudad prohibitiva, una urbe donde los jóvenes y la clase trabajadora son expulsados hacia las periferias desérticas mientras los centros urbanos se llenan de torres de departamentos de lujo impagables, vacías, destinadas a la especulación inmobiliaria y a las rentas de plataformas digitales.

 

El modelo de desarrollo que Lemus impulsó desde sus años como alcalde de Zapopan y Guadalajara ha terminado por segregar la ciudad, convirtiendo el derecho a un hogar en un negocio exclusivo para unos cuantos.

 

Esta voracidad inmobiliaria está directamente ligada a la segunda gran quiebra: la crisis hídrica. No es solo la escasez crónica y los tandeos que azotan a cientos de colonias marginadas de la Zona Metropolitana.

 

La verdadera negligencia corre por los grifos. La administración de Lemus ha tenido que admitir que miles de familias reciben agua de pésima calidad, maloliente y sucia.

 

Es una contradicción sangrienta: mientras el gobierno invierte millones en infraestructura estética para el turismo mundialista, el Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado colapsa, incapaz de garantizar agua limpia y segura.

 

Se pretende presumir modernidad al extranjero cuando ni siquiera se puede asegurar la salud básica de sus habitantes.

 

Pero la herida más profunda, la más dolorosa y la que verdaderamente desnuda la inoperancia del gobierno estatal es la crisis de seguridad y la tragedia de los desaparecidos.

 

Jalisco no es solo el estado con el mayor número de personas desaparecidas en el país; se ha convertido en el territorio del exterminio normalizado.

 

El horror encontró su nombre definitivo con los hallazgos de campos de reclutamiento forzado y crematorios clandestinos.

 

En esos predios, la delincuencia organizada no solo arrebata vidas, borra identidades de manera sistemática. Ante este panorama de horror puro, donde las madres y los colectivos de búsqueda tienen que hacer el trabajo de excavación y rastreo arriesgando la vida, la respuesta oficial ha oscilado entre el control de daños, la minimización y el maquillaje de las cifras para no manchar la percepción pública.

 

No hay campaña publicitaria que pueda contener el impacto de hallazgos como el de Las Pintitas, en El Salto, una zona alarmantemente cercana al Aeropuerto Internacional de Guadalajara.

 

Que a unos cuantos minutos de la principal puerta de entrada para los inversionistas y turistas extranjeros se localicen predios utilizados como crematorios clandestinos es la muestra más cruda de la desconexión entre la agenda pública y el territorio.

 

Mientras el discurso oficial da la bienvenida al desarrollo, colectivos de madres buscadoras desentierran la verdad de la peor manera posible en la periferia de la metrópoli, evidenciando un control territorial por parte de la delincuencia que ocurre a la vista de todos.

 

El problema, por supuesto, no se limita a la Zona Metropolitana. Si viajamos hacia las regiones, la periferia estatal nos recuerda que la vitrina está completamente rota en zonas clave como Lagos de Moreno.

 

La constante repetición de hallazgos de restos óseos, hornos artesanales de incineración y fincas utilizadas para el horror en la región de los Altos norte desmiente cualquier intento de normalización o de contención estadística.

 

Lagos de Moreno no es un hecho aislado; es el síntoma de una herida profunda que el gobierno estatal ha preferido administrar antes que sanar.

 

La violencia generalizada y el miedo ya no se pueden contener con comunicados de prensa. La estrategia de seguridad en la entidad está rebasada por un ecosistema criminal que actúa con total impunidad a menos de una hora del palacio de gobierno.

 

El reloj del Mundial sigue su marcha y los reflectores internacionales ya apuntan a Jalisco. Pablo Lemus tiene ante sí una encrucijada histórica: seguir gobernando para la fotografía y los grandes eventos, o asumir el costo político de aceptar que el estado que dirige se desangra, tiene sed y no tiene dónde vivir.

 

La fiesta del fútbol pasará en unas semanas, pero las crisis se quedarán aquí, cobrando facturas cada vez más altas a los ciudadanos.

 

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