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¡Ya no hay temor de Dios!

¡Ya no hay temor de Dios!
Publicado el 9 de junio de 2026 Publicado por Sergio Enrique Hernandez Piñon

¡Ya no hay temor de Dios! Ladrones vacían los ahorros de la iglesia de La Calera en Tlajomulco, malandros se apoderan de cerca de 300 mil pesos.

 

Dos «malandros» aprovechando la oscuridad de la noche y una fuerte tormenta, ingresaron a la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en el poblado de La Calera, para robarse cerca de 300 mil pesos en limosnas.

 

El indignante atraco ocurrió durante la madrugada de este martes. Mientras el párroco de la comunidad descansaba, los criminales forzaron su entrada al recinto religioso.

 

Con total cinismo, se dirigieron a las oficinas y la sacristía con un solo objetivo: el dinero que los fieles habían aportado con sudor y sacrificio durante meses para el mantenimiento del templo.

 

Fue antes del amanecer cuando el sacerdote despertó y se topó con una escena desoladora. La sacristía estaba completamente patas arriba, con cajones abiertos y documentos dispersos.

 

Al revisar el lugar donde se resguardaban las aportaciones de la comunidad, confirmó lo peor, los delincuentes se habían llevado hasta el último centavo.

 

El botín se calcula que la cifra robada asciende a los 300 mil pesos, dinero fruto de las limosnas y cooperaciones acumuladas a lo largo de varios meses.

 

Aunque los ladrones creyeron que la lluvia y la noche serían sus mejores cómplices para salir limpios, no contaban con el ojo de la tecnología.

 

Las cámaras de videovigilancia de la parroquia captaron el momento exacto de la intrusión, confirmando la participación de dos sujetos. Estas imágenes ya están en manos de las autoridades y serán clave para dar con su paradero.

 

Al lugar arribaron elementos de la policía municipal de Tlajomulco para resguardar la zona, mientras que agentes del Ministerio Público de la Fiscalía del Estado abrieron la carpeta de investigación correspondiente.

 

La comunidad de La Calera se encuentra profundamente consternada e indignada. No solo es la pérdida económica de un dinero destinado a la iglesia, sino la alarmante realidad de que los malandros ya no respetan ni la casa de Dios.

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