El silencio cómplice
El silencio cómplice: La doble vara del presidente del PAN Jalisco, Juan Pablo Colín, quien ignora en su coordinador en el Congreso lo que tanto critica de sus opositores de Morena y Movimiento Ciudadano
En la arena política de Jalisco, la coherencia es un bien escaso, pero la hipocresía es una moneda corriente. Mientras el Partido Acción Nacional en el estado se ha erigido en la tribuna principal como el paladín de la legalidad y el azote contra la corrupción ajena, su dirigencia estatal padece una amnesia selectiva que resulta, por decir lo menos, escandalosa.
Los ojos de la opinión pública, y de una ciudadanía cansada de discursos vacíos, están hoy fijos en Juan Pablo Colín. El presidente estatal del PAN ha optado por el camino más cómodo y, al mismo tiempo, más revelador: el silencio.
Es inaceptable que un dirigente político que ha hecho del combate a la «narcopolítica» y la «extorsión institucional» su principal estandarte de campaña y discurso legislativo, decida mirar hacia otro lado cuando las sombras de la sospecha caen sobre su propia casa.
Los señalamientos contra el coordinador panista en el Congreso local, Julio Hurtado, no son temas menores que puedan despacharse con omisiones o distracciones. Estamos hablando de presuntas irregularidades en contratos, la médula espinal de la corrupción que tanto dicen combatir.
La pregunta que resuena en los pasillos del Congreso y en las redes sociales es directa: ¿Por qué la vara de medir de Juan Pablo Colín es tan distinta según el partido al que pertenezca el señalado?
Cuando los cuestionamientos tocan a los adversarios, el PAN Jalisco se transforma en un fiscal implacable, exigiendo transparencia, auditorías y justicia inmediata.
Sin embargo, cuando el foco apunta al coordinador de su bancada, quien, irónicamente, preside la Comisión de Responsabilidades, el presidente del partido se esconde tras un mutismo que huele a complicidad. Ignorar el tema no lo hace desaparecer; lo valida.
Colín debe entender que la legitimidad de un discurso político no se construye solo con retórica incendiaria en contra de los otros, sino con la capacidad de limpiar la propia trinchera.
Si el PAN busca seguir siendo una opción creíble para los jaliscienses, su dirigencia no puede permitirse el lujo de la tibieza.
La «Ley Antinarcopolíticos» y las denuncias contra la corrupción se vuelven papel mojado si, al primer indicio de irregularidades en sus propias filas, la cúpula del partido decide proteger los intereses del grupo antes que el interés público.
El silencio de Juan Pablo Colín no es prudencia; es una traición a la base electoral que confió en una oferta de gobierno transparente. Es momento de que el dirigente estatal deje la postura de espectador y asuma su responsabilidad.
La opinión pública no olvidará esta doble vara. O hay una explicación clara y una rendición de cuentas tajante, o el PAN Jalisco terminará de sepultar su propia autoridad moral bajo el peso de sus contradicciones.
