Molotov vs. 4T - ZMG Noticias

Molotov vs. 4T, la crítica rockera al poder y respuesta defensiva del hijo de AMLO que demuestra la fragilidad del discurso oficial de Morena y su Cuarta Transformación ante el escrutinio cultural.

 

El 30 de octubre de 2025, la banda mexicana Molotov celebró sus 30 años de carrera con un concierto en el Palacio de los Deportes de Ciudad de México, ante 18.000 asistentes. Durante la interpretación de su himno contestatario «Gimme Tha Power», el bajista Paco Ayala y el guitarrista Micky Huidobro lanzaron críticas directas a la Cuarta Transformación.

Ayala exclamó: «¡Que chinguen a su madre a la 4T!», mientras Huidobro ironizó: «Éramos un país bien chingón», aludiendo a un supuesto retroceso en seguridad y unidad nacional, en medio de la reciente escalada de violencia como el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo.

Tres días después, José Ramón López Beltrán, hijo mayor de AMLO, respondió en X restando relevancia a la banda: «De flojera los críticos desubicados y convenencieros. Hace rato que los de Molotov dejaron de ser relevantes. Nuestro pueblo hoy está mejor que nunca y muy feliz con la 4T».

Beltrán escaló insinuando afinidad panista de la banda con un meme de Ricardo Anaya, excandidato opositor: «De pena ajena que en Molotov sean panistas de clóset con instrumentos musicales».

El 8 de noviembre, Ayala contraatacó con sorna: «Ya vi que nos escribió el panzón millonario!! Jaja de mega fan a chairo/idiota! Todos los políticos absolutamente todos valen verga pero tu papá más que todos juntos!!», viralizando memes sobre «chapulineo» político.

Molotov, fiel a su tradición antisistema desde los 90 con crítica al PRI, PAN y ahora Morena, rechaza el «chayote» gubernamental y defiende la libertad de expresión.

Este intercambio expone la fragilidad del discurso oficial de la 4T ante el escrutinio cultural. Mientras Beltrán evade el fondo con descalificaciones, Molotov revitaliza su rol como voz disidente, recordando que la «felicidad nacional» es un espejismo para muchos.

En última instancia, el «pleito» beneficia a Molotov: su irreverencia sigue vigente, mientras la respuesta oficial parece un eco de la intolerancia que tanto critican.

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